LA AUTOESTIMA
Walter Riso usa la palabra “estima” en el sentido de aprecio y vincula la autoestima al
conjunto de emociones y sentimientos que tenemos hacia nosotros mismos (1990) y la
asocia con:
- Lo que las personas pensamos acerca de nosotras mismas (auto concepto)
- La confianza que tenemos en nuestras capacidades (autoconfianza o auto
eficacia)
- La actitud que tenemos hacia el propio cuerpo (autoimagen)
- El valor que nos tenemos (autoestima)
William James (1890), define la autoestima como el sentimiento personal que surge de la
satisfacción o insatisfacción alcanzada por la forma en que vamos logrando el éxito en la
consecución de las metas que nos habíamos propuesto.
Según Papalia, (2004), el o la adolescente tiene que estructurar a partir de sus vivencias
una adecuada autoestima. La abstracción que el individuo hace y desarrolla acerca de
sus atributos, capacidades, objetos y actividades, conforman la autoestima. Para lograr
dicha abstracción la persona considera sus propias conductas y la forma en que otras
personas la ven.
Papalia asegura que la autoestima es inacabada y cambiante pues se retroalimenta de
una serie de auto percepciones y autoevaluaciones; así mismo, la autoestima se convierte
en una causa para generar estados emocionales o para reforzar o inhibir respuestas
conductuales y contactos interpersonales.
De acuerdo con Clemens y Bean (1994), la autoestima se desarrolla vivenciando los
sentimientos de pertenencia o vinculación, valía personal o singularidad, competencia o
sentimiento de poder y pautas.
- El sentimiento de pertenencia tiene que ver con la necesidad básica de
pertenecer a, de estar vinculado/a, de ser bien tratado/a.
- La valía personal se refiere al sentimiento de sentirse único/a, valorado/a,
especial, apoyado/a por el respeto y la valoración que recibe de los demás.
- La competencia o sentimiento de poder se refiere a descubrir las capacidades
propias y sentirse capaz de hacer bien las cosas que le conduzcan al éxito.
- Las pautas reflejan la habilidad del individuo para aplicar a su vida ciertos
referentes humanos, filosóficos, religiosos, etc., que le sirvan para diseñar su
escala de valores, sus objetivos de vida y sus necesidades.